Desde que empecé a tener inquietudes por el mundo de la lutheria, me llegaba una concepción mágica de éste. Los libros, las películas, los comentarios, la información al respecto que nos llega, siempre nos lo presentan envuelto de misterios y secretos de los grandes artesanos. Todos estos condicionantes junto con los miedos de quien comienza una nueva aventura en un mundo desconocido, pusieron ante mis ojos que iba a un sitio mágico y sobretodo cerrado.

Había estado antes en Itàlia, pero la primera vez que llegué a Cremona para hacer el examen de admisión en la escuela IPIALL A. Stradivari, veía la ciudad como un sitio encantado, un sitio mágico donde se respira la lutheria, ya que además de la historia de los famosos luthiers, vas por la calle y ves muchas vitrinas grandes donde detrás está el luthier trabajando. Puedes ver por alguna ventana violines colgando secando el barníz, tiendas de herramientas y materiales especializados... un mundo que yo perseguía y deseaba que me hacía moverme flotando por la ciudad con ojos como platos.

Tras esa primera visita con ojos solo para la lutheria, acompañado por los primeros amigos que hice en Cremona descubrí los rincones del centro histórico, el Duomo (catedral) amb el “Torrazzo” (campanario de la catedral de Cremona), el ayuntamiento con sus pórticos, los palacios góticos, la opera, el palacio Alla Ponzone con el museo de Stradivari...

Cremona es una ciudad situada a 80 km al sur de Milán y pegada al rio Po. Es capital de província y está formada mayoritariamente por edificios viejos de ladrillo rojo, de poca altura y que tienen las ventanas protegidas por venecianas. La altura de sus edificios junto a la cantidad de jardines que hay sobretodo dentro de los muchos palacios, (como se puede ver en las fotos hechas desde la ventana de la casa donde viví al nevado jardin del viejo palacio de Damiano Chiesa), tiene una extensión considerable para dejar sitio a sus 70.000 pobladores.

No tiene un clima demasiado apacible, ya que por octubre aparecen las nieblas, que llegan a ser muy espesas, que se iran por marzo. Los mayores se entretienen contando cuantos dias seguidos estan ese año sin ver el sol y cuentan que han llegado a estar 2 meses sin verlo para nada, solo niebla y nubes. A este ambiente hay que añadir las bajas temperaturas del invierno, yo he vivido allí hasta -13ºC dentro de la ciudad, nieve, semanas enteras de lluvia cada dos por tres, y por la proximidad al rio, siempre una humedad elevadísima. Todo ello hace pensar que el verano sería fresquito... un error, allí no corre el viento y a la elevada humedad se le añaden los 35ºC que por las noches se mantienen o bajan poco dando lugar a mucho bochorno.

Las costumbres de sus habitantes, excepto las horas de comer que son entre las 12.30 y las 13.00 y cenan sobre las 20.00 h., cambian radicalmente de verano a invierno. En el verano podemos sentirnos como en casa, calor, terrazas llenas de gentes tomando helados, pubs abiertos, gente por la calle hasta tarde, pero en invierno, dadas las condiciones explicadas, a las 20.00 ya no queda ser viviente por las calles y no hay sitio donde ir porque todo está muerto. Un aspecto que sorprende al visitante es la costumbre, como en el resto de centroeuropa, de ir en bici a todas partes. Desde jóvenes estudiantes, hombres y mujeres trajeados, señoras con sus pieles, no tienen problema en ir con bici a cualquier parte, y es que el centro histórico es peatonal y de cuando en cuando por motivos de contaminación se cierra el resto del centro a todo el tráfico.

Por el contrario, estas desagradables condiciones climatológicas, facilitan la existencia de muchas organizaciones que dan lugar a una intensa vida cultural. Además de la ópera, teatro, cines y otras ofertas tradicionales, hay convocatorias de actividades para todas las edades, gustos y colores, pero eso sí, siempre que acaben antes de las 23:00.

En las guías de turistas hablan de los habitantes de Cremona como personas frias y un poco cierto si es. Seguramente por ser una ciudad pequeña históricamente ubicada en zona fronteriza y todavía hoy abierta a la invasión aunque sea de estudiantes de todo el mundo, se ha producido un proteccionismo que contrasta con el espíritu abierto de los estudiantes venidos de todas partes para estudiar allí musicología, lutheria y arqueteria. Estudiantes venidos de todo el mundo, de todas las culturas y de diferentes posiciones sociales. Todos formamos una gran família, hacemos nuestras fiestas, compartimos pillajes para alterar contadores de luz, agua y gas, ayudas en los traslados, en momentos de necesidad. Así empieza a crearse el gueto o la família de luthiers, y dentro de el, las diferentes corrientes encabezadas por los grandes maestros con sus alumnos y formas de trabajar.

Hoy, habiendome formado en este mundo, puedo decir que un poco de secretismo hay, que además de las enseñanzas básicas los maestros confian experiencias particulares, fórmulas, medidas y maneras de trabajar a sus alumnos, que los luthiers constituyen una especie de gueto condicionado por los motivos explicados así como por la complicidad de la custodia de la información que nos han transmitido nuestros maestros.

Pero a fin de cuentas, lo importante es trabajar con calidad y hacer buenos instrumentos.

www.violines.info© Llorenç Fenollosa i Gimeno